Cristiano Ronaldo es el ejemplo supremo de que el fútbol es
un escaparate donde la idiotez no tiene límites. Este cani portugués tiene
todos los atributos que se pueden esperar de un imbécil. Es ególatra,
prepotente, narcisista, vanidoso, garrulo, soberbio, arrogante y todo un sinfín
de apelativos innecesarios. Innecesarios, porque todo en Cristiano es innecesario. El show del fútbol es un vertedero protagonizado por
individuos de esta calaña. La sola contemplación de este residuo de la raza
humana, debería repugnar a cualquier persona con un mínimo de inteligencia,
buen gusto y sensibilidad. Pantalón de chándal, peinado cenicero, peluco de
lujo, cadenas de oro y un nomeolvides con el nombre de la churri… Todo el ajuar cani se resume en un único esperpento.
La industria de la moda controlada por un lobby gay satánico ha convertido a este gilipollas en un icono mundial. Se supone que debemos adorar a un Cristo de segunda mano y rendirle culto. Es la glorificación del lumpen muerto de hambre; ejemplo para la chusma ahíta de sueños imposibles. Escapar de la miseria material es posible con solo darle dos patadas a una pelota. Escapar de la miseria moral es imposible porque un lumpen no tiene moral.
Con un cerebro del tamaño de un pistacho sólo se puede ofrecer un espectáculo grotesco. Pese a los millones que tenga, este cani ridículo no es más que un miserable, una burbuja humana del fascinante mundo de la moda.
El diario Ass lo calificaba hace tiempo como "dios griego". Imagínense: en el Olimpo deben estar vomitando.
El diario Ass lo calificaba hace tiempo como "dios griego". Imagínense: en el Olimpo deben estar vomitando.