
Con el lanzamiento del single, los Beatles sentaron un precedente poco frecuente en la música pop. Por lo general, hasta aquel instante, todas las estrellas de la música interpretaban temas compuestos por otros, generalmente músicos profesionales contratados por las casas discográficas. El cuarteto británico rompió con ese sistema y se marcó como regla que la música de la banda fuera escrita por ellos mismos. Los grandes intérpretes del momento no escribían para nada sus propias canciones; de ahí la calificación de 'intérprete' en contraposición con la de 'cantautor', que se popularizaría con posterioridad.
Por descontado, "Love me do" es una cancioncita pop, inconsecuente, banal y bastante chorra. Muchos somos los que llevamos décadas con sus notas en la memoria, hasta llegar al aburrimiento. Pero el mérito de Lennon y Cia consiste en que incluso dentro de la más elemental intrascendencia, The Beatles estaban dotados de una gracia especial. En términos de composición, el temilla es tan básico como el mecanismo de un chupete. Pero para hacer algo tan simple y que resulte genial hay que tener un don. Y ellos lo tenían.
Este fin de semana en Liverpool toca celebración por todo lo alto.