
Pero aquel intento de mi padre de convertirme en Joan Miró ha acabado siendo una obsesión para mi. Así que me he puesto las pilas y he descubierto la forma de hacer un Miró. Tardo menos de media hora en sacarme uno de la manga. El secreto está en dibujar varias formas sinuosas, sin escatimar cuernos, serpientes, soles, lunas y algún donut orbital. Luego se crean divisiones a todo lo largo de la hoja que creen compartimentos estancos. Si se puede dotar la imagen de un motivo alegórico, bien, si no no pasa nada. A partir de ahí se elige una paleta de colores suficientemente llamativos y se comienza a rellenar los compartimentos estancos. Después se pinta el fondo de riguroso negro y... VOILÀ!