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20140814

Hannah Arendt, o cuando pensar representa un problema

En 2012 se estrenó una película alemana sobre Hannah Arendt, dirigida por Margarethe von Trotta y protagonizada por Barbara Sukowa. Narra la visita a Jerusalén de la hoy célebre filósofa judía, con motivo del juicio a Adolf Eichmann. La película puede ser buena o mala, pero resalta la victoria del pensamiento complejo contra los convencionalismos llenos de clichés, estereotipos e ideología condicionada. Punto importante a resaltar.

Una breve reseña biográfica de esta señora demuestra su sólida arquitectura intelectual y su clara vocación sionista. Nació en Hannover [Alemania] en 1906 en el seno de una familia judía. Era una familia que de no ser por los nazis jamás habría tenido conciencia de ser judía. A los 14 años Arendt  había leído Crítica de la Razón Pura de Kant con lo que demostraba que además de lista era valiente. A los 17 años se fugó a Berlín y se leyó todos los libracos de Kierkegaard. Consiguió entrar en la Universidad de Marburgo, donde conoció a Martin Heidegger, un profesor de filosofía que se convirtió en su amante. Más tarde, Heidegger ingresaría en el NSDAP [Partido Nazi para los amigos], lo que provocaría la ruptura entre ambos.
Durante su estancia en la Universidad, la pujanza de los nazis era cada vez más evidente. Las consecuencias de la escalada al poder de los secuaces de Hitler no hacían presagiar nada bueno. Arendt comenzó a trabar relaciones con el sionismo a través de su amigo Kurt Blumenfeld. En 1932, por indicación de éste, trabajó en una organización judía que daba alojamiento provisional a fugitivos. En julio de 1933 fue detenida y pasó unos días en los calabozos de la Gestapo. Ese mismo año se fugó a Francia, donde su compromiso con el sionismo se consolidó. En 1937, los nazis le retiraron la ciudadanía alemana. A principios de 1940, con la invasión alemana en ciernes, las autoridades francesas deportaron a la mayoría de extranjeros de origen alemán. A las mujeres las concentraron en un velódromo. Mas tarde, Arendt estuvo algunas semanas en el campo de internamiento de Gurs. Consiguió fugarse y gracias a un periodista norteamericano consiguió, junto con su marido Heinrich Blücher, pasaportes para viajar a Lisboa. Y de ahí dieron el salto a los EEUU:
No le fue difícil a Hannah Arendt conectar con la élite más intelectualoide del mundo, radicada en Nueva York, muchos de cuyos miembros son judíos o descendientes de ellos. Al principió sobrevivió con una pequeña beca y escribiendo artículos para algunas revistas. Su actividad sionista continuó, pero comenzó a tener algunas discrepancias con la concepción sionista del mundo. Tanto es así, que en 1948 escribió una carta abierta contra la visita a Nueva York del terrorista criminal judío Menájem Beguin, quien llegaría a ser Primer Ministro de Israel entre 1977 y 1983. A principios de los años 50's se publicó Los orígenes del Totalitarismo, definida como algo más que una mera compilación historiográfica. Arendt critica con dureza el pensamiento causal de los historiadores a la hora de analizar las raíces del antisemitismo.

En 1951 le fue concedida la ciudadanía norteamericana, después de ser apátrida durante 14 años.

La captura de Eichmann

Como es harto conocido, en 1960 Simon Wiesenthal dio con la localización de un criminal nazi residente en Argentina que se camuflaba bajo el nombre de Ricardo Klement. Se trataba en realidad de Adolf Eichmann, ex-Obersturmbannführer [teniente coronel] de las SS, considerado uno de los máximos responsables del Holocausto. Wiesenthal no tenía medios para su captura, así que trasladó su información al Mossad israelí. Éstos organizaron rápidamente una operación rocambolesca para su  secuestro y posterior traslado a Jerusalén. Ni que decir tiene que la actuación fue claramente ilegal, al tratarse de un comando armado que operaba dentro del territorio de un país soberano.

Las reglas a veces hay que usarlas de papel higiénico. Moralmente el Estado Hebreo estaba legitimado para capturar a un criminal nazi. Cabe deducir que hubieran esperado siglos a que Argentina extraditara a "Ricardo Klement". Pero es una demostración más de que el Estado de Israel se considera a si mismo por encima del Bien y del Mal. El mismo derecho a pedir justicia sobre Eichmann lo tenían los zíngaros rumanos, los homosexuales holandeses, los republicanos españoles, los comunistas alemanes o los prisioneros del ejército soviético. El mito de que todos los que murieron en los incipientes campos de exterminio nazis eran de "raza judía" es infantil hasta el paroxismo. La "raza judía" es una fantasía paranoide, tanto como la "raza aria" inventada por Hitler.
Eichmann llegó a Israel en mayo de 1960 y rápidamente organizaron un juicio espectáculo retransmitido por TV. La televisión era un medio que estaba comenzando a llegar a todos los hogares, de lo que se deduce que el Estado de Israel necesitaba una gran operación de propaganda para reafirmar su identidad. Los motivos son difíciles de saber, pero la operación de propaganda es hoy en día evidente.

Arendt va a Jerusalen

La revista intelectualoide neoyorquina The New Yorker decidió enviar a Arendt como corresponsal al juicio contra Eichmann. Condicionada por su ideología sionista, ella esperaba encontrar en Eichmann la típica salchicha bratwurst surgida de las SA. El pensamiento convencional apuntaba hacia un alcoholizado y fanático antisemita que estallaría en un discurso violento y visceral. Pero, como siempre, el pensamiento convencional estaba equivocado. El caso estaba listo para una ejecución de arquetipos que Arendt, con su inteligencia, comenzó a desmontar desde el principio.

Lo primero que le sorprendió fue la vulgaridad del personaje. La inserción de una frase como La banalidad del Mal levantó no pocas ampollas entre la "opinión pública", incluso entre la más intelectual. Eichmann no respondía a ninguno de los tópicos teledirigidos que nutren al gran público. No era cuestión de defender al personaje, y menos su "obra". Pero la Sra. Arendt se percató de que el show organizado en Jerusalén tenía un guión preescrito del que no se podía discrepar. Aquel criminal nazi protegido tras un cristal antibalas era gris, decepcionante, aburrido, mediocre y vulgar. No se podía concebir de ningún modo que aquel tipo ceniciento organizase por si solo el Holocausto.

Hay gente que tiene la suerte -o desgracia- de ver a simple vista el lado más miserable de la especie humana. La gente está dotada de una carcasa transparente que permite contemplar lo que hay en su interior. Estamos expuestos a nuestro historial, nuestras palabras, nuestros actos, nuestros gestos, nuestra cara, nuestros ojos... Nada escapa a un buen observador de la naturaleza humana.
Meterse dentro de Eichmann no es difícil. Antes de ingresar en las SS, su curriculum apenas contaba con su experiencia como administrativo en una compañía de distribución de keroseno. El vulgar y anodino Adolf había encontrado su razón de ser en el control del transporte de una mercancía flatulenta. Auspiciado por el principal sicario de Himmler, Reinhard Heydrich, el burócrata Eichmann, fiel lameculos de su amo, comenzó a sentirse importante. Vanidad, falta de discernimiento, oportunismo, complacencia, aceptación social, convencionalismos, modas raciales de última hora, etc. le ayudaron a adoptar un rol en el que se sentía cómodo. Actuar irracionalmente es fácil cuando el Mal está claramente estigmatizado y las coartadas morales muy bien definidas por la propaganda. Para muchos de estos individuos era completamente imposible resistirse al peso y la seducción de la Estructura. Lo mejor era aprovechar la ocasión, inyectarse amnesia y correr un tupido velo. Resumen: Eichmann era sólo una hiena que transitaba por los pasillos del Poder, un correveydile que acometía de forma diligente sus "órdenes" sin plantearse en ningún momento si eran amorales, inmorales, responsables, irreflexivas o una auténtica horterada. 

Arendt: "A pesar de todos los esfuerzos de la fiscalía, todo el mundo podía ver que este hombre no era un monstruo, pero era realmente difícil no sospechar que fuera un payaso. Y como esta sospecha hubiera sido fatal para el buen fin del juicio y a la vez era bastante difícil de sostener en vista de los sufrimientos que él y sus semejantes habían causado a millones de personas, sus peores payasadas se tomaron escasamente en cuenta y casi nunca se informó de ellas".

Eichamnn no había nacido para pensar; él sólo había venido al mundo para representar el papel de un diligente lacayo que obedecía "órdenes" sin rechistar.

Lo más grave de todo: cualquiera de nosotros es un Eichmann en potencia. Sólo hace falta una atmósfera turbulenta, escasa capacidad crítica, un mucho de oportunismo y una falta absoluta de verguenza. Esa fue la desoladora conclusión de Hannah Arendt. Ella fue la única que se dio cuenta de la banalidad del individuo, en medio de una orgiástica y virulenta atmósfera de fanatismo y venganza.

En este video, la Dra. Sussane Urban presenta documentos sobre la organización del Holocausto, donde se demuestra la sofisticada planificación del mismo. En el frenesí asesino estuvieron implicadas grandes empresas, bancos, responsables de los ferrocarriles, etc. El aparato burocrático nazi jamás envió una "orden" explícita para matar  judíos. Hitler, Goering, Goebbels y Himmler tan sólo "evocaban" sus deseos antisemitas mediante directivas eufemísticas. El propio término "Solución Final" era una de las muchas tangentes con las que la cúpula nazi sublimaba sus deseos hacia el estrato burocrático inferior. Es decir: yo lo dejo ahí y vosotros ya sabeis lo que tenéis que hacer. Nadie se quería hacer resposable del mayor genocidio de la historia. 

En la Conferencia de Wannsee, donde supuestamente se decidió el exterminio de todos los judíos de Europa, no habia ningún representante de la cúpula nazi. Reinhard Heydrich, y su diligente y competente administrativo, Adolf Eichmann, organizaron un divertidísimo finde de alto nivel gourmet, aunque paradójicamente la jerarquía nazi asistente era de bajo grado. La versión oficial dice que organizaron de forma eficiente el exterminio total. Fue una idea de subalternos. Himmler y Hitler no sabían nada de nada. Increible, vamos.

Es del todo ridículo considerar que un burócrata piltrafilla como Adolf Eichmann fue el único responsable del exterminio de 6.000.000 de judíos. De hecho, Eichmann ni siquiera estaba en la lista de criminales nazis juzgados "en ausencia" en los juicios de Nuremberg. Su nombre salió porque uno de los acusados, dispuesto a liberarse de culpa, lo mencionó. De lo contrario, hoy en día Eichmann podría ser un completo desconocido. Tal era su insignificancia.

La novelista y periodista norteamericana Martha Gellhorn comentó: "Estamos tratando, en vano, de responder a la misma pregunta: ¿Cómo es posible? Se ve como un ser humano, es decir, un ser humano como los demás hombres".

Hay todavía algunos puntos oscuros en la historia de este personajillo. Resulta más que evidente que Eichmannn no aprobaba los presupuestos para construir campos de exterminio, ni era el responsable de fabricar el Zyklon B, ni acompañaba en persona a los judíos a los trenes de ganado. No:  Eichmann era sólo un obediente oficinista, dispuesto en todo momento a satisfacer los deseos más íntimos de sus jefes. Durante el juicio aseguró de forma repetida no ser otra cosa que una minúscula rueda dentro de un gran engranaje. También aseguró no haberse enrriquecido con el patrimonio de los deportados, cosa que no es creíble en ningún modo. Amasó una gran fortuna, sin duda alguna.Y acabada la guerra, cabe sospechar que su huida a través de la Ruta de las Ratas y su contacto con la misteriosa organización vaticana que le facilitó el pasaporte de la Cruz Roja a nombre de "Ricardo Klement" acabó con su fortuna casi con toda seguridad.  Debió ser uno de los pasaportes falsos más caros de la historia.

Cuando llegó a Argentina "Klement" estaba con una mano delante y otra detrás. Trabajó como hidrógrafo para Capri, una firma con capital alemán. Se mudo varias veces, sin evidenciar en ningún momento un alto nivel de vida. Intentó montar una lavandería y una granja de conejos. Ambos negocios fracasaron, lo que no deja de ser chocante en un tipo que se supone era un genio de la planificación. En 1952 fletó a su familia desde Alemania de forma silenciosa. En el momento de su captura estaba trabajando en una planta de Mercedes Benz y vivía en una barraca situada en un suburbio de Buenos Aires cuyas calles estaban casi sin asfaltar. Tampoco es cuestión de sentir pena por Eichmannn. Era uno de esos tipos que merecería resucitar sólo para volver a matarlo. Pero estas cuatro pinceladas de su estancia en Argentina no ayudan a comprender su supuesta importancia.

Arendt vio cosas muy parecidas en el patético hombrecillo de la jaula de cristal e hizo una visisección profunda del personaje. El monstruo se había convertido en un hombre vulgar de la calle.

Consecuencias

La Sra. Arendt tituló su escrito Eichmann en Jerusalén y The New Yorker lo publicó en cinco partes. Lo que el pensamiento condicionado demandaba en ese momento era un duro alegato plagado de tópicos para saciar el morbo de la precocinada opinión pública estadounidense. De ninguna manera esperaban conclusiones como que Eichmann era un don nadie y un mediocre funcionario. Además, Arendt se atrevió a cuestionar el oscuro papel de los Consejos Judios, quienes colaboraron abiertamente con la oficina de Eichmann -la Sección IVB4- para facilitarle listas de deportados. De seguro, los judíos menos influyentes, y los más pobres, debieron nutrir dichas listas.

Las ampollas se podían ver por encima del Empire State. Arendt no se había mordido la lengua y no se lo perdonaron. Recibió presiones de diversas organizaciones sionistas. Muchos de sus compañeros intelectualoides le retiraron la palabra. Fue investigada por el FBI. Incluso estuvieron a punto de retirarle su cátedra en la Universidad de Princeton. 

Todo, por decir verdades como puños.

La película se puede ver aquí: Hannah Arendt Online

20140706

Publicidad vintage reciclada [II]

Almacenes El Dique Flotante [Barcelona] 1960
Método Adler contra la calvicie [1960]
Vitamol, reconstituyente [1961]
Todos las imágenes son una gentileza de la Hemeroteca de La Vanguardia.

20130724

Joseph Heller, un maestro del humor corrosivo

"Trampa 22" (Catch 22) es probablemente una de las novelas más originales de la literatura universal. Su autor, Joseph Heller, fue un maestro en usar la ironía como un látigo. Su humor corrosivo y sin contemplaciones, plagado de giros absurdos, es una delicia para los amantes del género.

La novela, publicada en 1961, cayó en mis manos por casualidad en una antigua edición de "El arca de papel" y todavía hoy no he encontrado nada con lo que me haya reído tanto. La acción se sitúa en una base de bombarderos americana en la ficticia isla de Pianosa, junto a la costa italiana. El protagonista, Yossarian, ha cumplido de sobras el número de misiones de vuelo, pero para su mayor asombro, en lugar de licenciarlo le suben el cupo. Cada vez que sale a bombardear las posiciones enemigas con su B25 sabe que se juega la vida ante las baterías antiaéreas de los alemanes. La Trampa 22 consiste en la imposibilidad de declararse loco para negarse a volar. Si se está loco, obviamente, no importa salir a volar y jugarse el pescuezo. Y por supuesto no puede declararse cuerdo porque eso no es una enfermedad.
Aparte de la corrosiva crítica a los estamentos militares, lo más sorprendente de esta novela es el elenco de freaks que la protagonizan, el torrente de verborrea satírica narrativa y su decidida apuesta por el humor absurdo más delirante. Tenemos por una parte un general retirado que no participa en ninguna batalla, cuya única herida de guerra es el rasguño de la espina de una rosa que le tiran desde un balcón. Hay también un personaje que se dedica al trapicheo con las provisiones del ejército y monta un sindicato en el que al final figuran como socios hasta los propios alemanes. Hay un jefe indio que tiene un presentimiento paranoico de que morirá de una pulmonía y, en efecto, acaba muriendo de una pulmonía. El compañero de tienda de Yossarian es un tipo que se pasa toda la novela montando y desmontando un grifo de forma minuciosa y al final consigue escapar hasta ¡¡Suecia!! en una lancha rudimentaria. Y por ultimo hay un general cuya misión fundamental es organizar desfiles. Su única preocupación es que sus hombres levanten los brazos al marchar a la misma altura.

Como curiosidad, tenemos al artillero de cola, un tal Snowden, quien muere literalmente pulverizado por el fuego antiaéreo. Dentro de la cabina del piloto, Yossarian acaba totalmente impregnado con sus restos. Es uno de los momentos más dramáticos y a la vez sarcásticos del relato. Este hecho tiene una interpretación en clave muy actual si tenemos en cuenta la historia de Edward Snowden, el espía acorralado en el aeropuerto de Moscú, a quien las autoridades norteamericanas impiden volar.  Y en caso de que volara, derribarían el avión seguro. Es una nueva versión de la Trampa 22.
Y esto es solo una muestra de la gran cantidad de sucesos rocambolescos que narra esta novela. Muy probablemente, ese inagotable caudal de sarcasmo esconde una realidad dramática, cosa que se va revelando conforme llegan los capítulos finales. Detrás de su cinismo es posible que se encuentren sus propias experiencias traumáticas en la guerra. En 1942, a los 19 años, Heller ingresó en el Cuerpo Aéreo del Ejército de EE.UU. Dos años más tarde fue enviado al frente italiano, donde participó en 60 misiones de combate como parte de la tripulación de un bombardero B-25.

Catch 22 fue llevada al cine en 1970. El film contaba con la participación de Art Garfunkel, Anthony Perkins, Martin Sheen, Jon Voight y Orson Welles [entre otros], pero desgraciadamente no sabe reflejar fidedignamente el espíritu de la novela. El guión fue significativamente alterado porque seguramente la forma narrativa original dificulta enormemente su extrapolación al cine.

En todo caso, Heller [+1999], escribió una auténtica comedia del absurdo.

20111227

El rock como pretexto para el desenfreno


Mucho antes de las algaradas de los mods británicos en Brighton (1964), otras tribus urbanas relacionadas con el rock habían protagonizado escándalos de igual envergadura, sólo que quizás no supieron darles tanta publicidad. Tal es el caso de los Blousons Noirs, unos teddys franceses, fans del cuero y de las motocicletas, que tenían como mascota a Marlon Brando, James Dean y Vince Taylor (foto arriba).


Auténticos blousons noirs

Una crónica publicada por la Vanguardia el 24 de junio de 1961 da fe de que una ingente cantidad de "blusones negros", con motivo de un "festival de Rock and Roll", tomaron por asalto el Palais des Sports con la intención de "buscar bulla". Los gendarmes tuvieron que suspender el concierto porque debido a la temperatura alcanzada dentro del recinto (unos 40º) muchos de los asistentes, tanto chicos como chicas, todos ellos muy jóvenes, comenzaron a bailar semidesnudos. Se practicaron 85 detenciones y 6 guardias resultaron heridos.

Indignadísimo con la actitud de estos gamberros, el corresponsal de La Vanguardia en París continuaba analizando lo ocurrido bastantes meses después. Hace justamente 50 años, el 28 de diciembre de 1961, escribía este "Apunte de meditación sobre los Blussons Noirs y los Teddy Boys": "Increíble noche la que se vivió en el Palais des Sports, de la cual no se deja de hablar todavía en París: veinte millones de desperfectos, gran número de filas de butacas convertidas en astillas, árboles arrancados en la calle y escaraparates rotos". Puestos a buscar testimonios de primera mano, los periodistas habían contactado con Tony la Bastoche, un joven teddy de 16 años protagonista del evento.


Muy probablemente es el que sale en primer plano con los ojos en blanco... Este chaval escandalizó más si cabe a la prensa conservadora, al declarar que no le importaría morir como James Dean, sobre una motocicleta a 150 km/hora. Curiosamente, la palabra hooligans ("juligants", según La Vanguardia) ya aparecía en las crónicas, asociada a esta panda de rockers.

Quede esto como muestra de que los mods no deberían haber sido los primeros en saltar a la fama por sus actos vandálicos.

20080208

Del Shannon | Runaway


Hace unos tres años estaba en un bar cuando, de repente, en una pantalla gigante de vídeo, comenzaron a pasar un reportaje de un antiguo artista al que conocía de forma un tanto vaga. El tema que comenzó a sonar me entró directamente por la vena y me removió las entrañas de forma incomprensible. Aquel sonido era como una especie de antropología de la memoria, como adentrarse en una gruta donde están escondidos los más preciados tesoros. Aquella música estaba relacionada con mis más remotos recuerdos. Mi mente retrocedió de forma involuntaria a los caballitos y los autos de choque. Del Shannon acababa de regresar a mi vida.

En el extenso desierto que hubo entre 1959 hasta la llegada de los Beatles en 1963, pocas cosas se salvaron de la quema. Los Rivieras, los Searchers, Chubby Checker... y poca cosa más. Se vivían tiempos de pop manejado por la industria. Del Shannon era un superviviente de los 50's que pese a ser un rocker con tupé había adaptado muy bien su música a los nuevos tiempos, habida cuenta el triunfo de los sonidos Tamla Motown.
Del Shannon no era un tipo agraciado. Medía tan sólo 1.56 cm y encima era paticorto. Pero en 1961 rompió las listas con Runaway, un tema que lo deben haber oído hasta los sordos. Por lo que a mi respecta, si tuviera un altar en casa estaría colocado por encima del crucifijo y el caliz. Más porque este pedazo de artista tuvo una vida desgraciada que le produjo constantes depresiones que le llevaron en 1990 a suicidarse de un disparo en la cabeza.