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20181111

Horror: el White Album de los Beatles ha sido re-re-remasterizado

Al parecer, ayer sacaron una versión re-re-re-masterizada del White Album de los Beatles, una obra maestra de las pocas de las que puede alardear la música pop contemporánea. Si lo comparamos con la especie de música que escucha esa gente conocida como “Milennials” es como comparar a Mozart o Beethoven con el Fary. 

Pero vamos al grano. El disco está de aniversario estos días, pues cumple justamente 50 años. Yo tengo la gran suerte de disponer de la copia en vinilo nº 4.280.591... 
...o sea, que ya os podéis imaginar lo que me importa a mí la remasterización de los cojones. Donde se ponga un vinilo analógico que se quiten las re-re-remasterizaciones… El disco lo compré en 1978 y está empezando a acusar el paso de los años. La portada original en blanco inmaculado ha adquirido un tono amarillento inevitable.

En el álbum figura el nombre de la banda en relieve y ese número de serie. A priori, eso quiere decir que 10 años después de su lanzamiento ya había vendido más de 4.000.000 de copias. Me parecen pocas. 

Tal como me imaginaba, Lennon y McCartney en esa época no se podían ni ver; por supuesto, por culpa de Yoko Ono. El disco no es más que un puzzle de pistas superpuestas, muchas veces grabadas por un mismo músico y en días distintos. Un ejemplo: a McCartney no le gustaba la batería en un tema, borraba la pista de Ringo y ponía la suya propia. Seguramente, Lennon y McCartney hicieron su trabajo de grabación sin ni siquiera cruzarse en un pasillo. Según leo en Wikipedia, de la totalidad de los temas del álbum, sólo 16 cuentan con la participación de los cuatro miembros de la banda. Varios ingenieros de sonido, entre ellos el inefable George Martin, y diversos estudios de grabación, fueron protagonistas de lo que se podría denominar el monstruo de Frankenstein de los Beatles. 

Y sin embargo, pese a su artificiosidad, estamos hablando de un álbum -doble, además- lleno de temazos, algunos de los cuales son el paradigma de la perfección. 
En los surcos hay canciones inolvidables que aún hoy escucho. Quiero resaltar Piggies, una composición de George Harrison, con adornos de clavicordio, que describe las cenas de la gente convencional con bastante precisión. Otro tema maravilloso es Everybody got something to hide except me and my monkey [Todo el mundo tiene algo que ocultar excepto yo y mi mono] La mítica banda de Liverpool estaba en estado de gracia, incluso para elegir los títulos de sus temas, a pesar de que la extinción era inminente. Es lo que tienen los momentos de máxima decadencia. Los Beatles eran en ese momento como una supernova: irradiaron una luz cegadora antes de extinguirse. 

Esta obra contiene piezas precursoras del hard-rock y el punk como Helter Skelter, momentos de recogimiento como Good Night, Blackbird, Mother Nature’s Song, Martha my dear [dedicado a la perra de McCartney] o Julia; homenajes al music-hall, como Honey Pie, referencias a sus inicios en el rock'n'roll clásico como Revolution, Birthday, Why don't we do it in the road, Back in the USSR o el contundente Yer blues; temas de un psicodelismo delicioso, como el maravilloso Savoy Truffle o Wild Honey Pie, aparte de todo un rosario de temas de lo más diverso como Sexy Sadie, Dear Prudence, Cry Baby Cry, etc. Todo muy completo.

1968 fue el Año de la Revolución. La juventud mundial se levantó contra la guerra del Vietnam y contra el orden establecido por la generación anterior a la II Guerra Mundial. En todos los rincones del planeta estallaron revueltas. Fue una revolución estéril; mucho ruido y pocas nueces. Fue todo muy testimonial, sin planteamientos, sin alternativas. Muchos eslóganes y pocos proyectos de cambio. Muchos de los protagonistas de aquellas revueltas forman parte del Régimen actual.
El jolgorio acabó con una reacción de los poderes fácticos, que se alarmaron ante la intensidad de la actividad revolucionaria. Y, por supuesto, tomaron medidas; medidas que tuvieron una severa repercusión en la década siguiente. El proceso de contrarevolucón iniciado en esos días dura hasta el día de hoy. El Régimen Neoliberal Ultracapitalista nació de las cenizas de la "revolución" de 1968.

La estrategia de aquella “izquierda” se hizo demasiado visible. Y encima, sacaron el marxismo de las fábricas y lo trasladaron a las universidades. Un montón de intelectualoides que llegaban al orgasmo con Marcuse mezclaron los fundamentos básicos de la lucha de clases con “elementos contraculturales” repletos de “ecología” y “revolución sexual”. Fue un error histórico del que la "izquierda” aún no se ha recuperado. 

Pero de eso hablaremos otro día. 

El disco de los Beatles {corte 1, Cara A, disco 1} se abre justamente con una canción llamada Revolution. Lejos de lo se pueda imaginar, no es una loa a las revoluciones que asolaban el planeta. NO: es una burla de Lennon a la cantidad de gente que se le acercaba para pedirle dinero para proyectos revolucionarios. 

Esto no lo dijo Lennon, sino Lenin: La revolución es obra de revolucionarios profesionales. Y si trabajan en la sombra, tanto mejor.

A partir de AQUÍ podéis escuchar el disco entero [remasterización 2009] en Youtube.

20090413

El definitivo triunfo del vinilo

En los inicios de todo, sólo existían la radio y el gramófono. Mucho ha llovido desde que en 1925 se prensara y comercializara el primer vinilo. Por aquel entonces, los discos pesaban media tonelada y giraban a velocidad de vértigo encima del plato. A partir de la Segunda Guerra Mundial es cuando verdaderamente la música se convierte en un artículo de consumo para las masas. Con el boom económico de los años 60's, los aparatos de reproducción comienzan a invadir nuestras vidas.

1967: Todo consistía en un sencillo tocadiscos, de plato pequeño, idóneo para poner singles. Los 60's fueron una época de sencillos (A+B), de ahí la comercialización masiva de modelos como este mítico Cosmos monoaural, cuya tapa servía también de altavoz. No obstante, una vez abierto el maletín, la longitud del brazo permitía también introducir un LP, aunque cabía por los pelos.

El tocadiscos y el vinilo bien pronto comenzaron a tener una dura competencia: LA CINTA DE CASSETTE. A principios de los 70's se empiezan a comercializar en España los primeros radiocassette mono. Sólo tenían una ventaja y es que se podían grabar canciones de la radio. Los aparatos de cassette, a pesar de que la oferta de cintas no fue en principio muy abundante, suponían una seria amenaza para el formato vinilo. Eran fácilmente transportables y muchos funcionaban también con pilas.


La respuesta del vinilo a este problema logístico consistió en la invención del comediscos, un aparatejo que sólo servía para poner singles y al que se puede considerar culpable de más de un millón de rayotes. No se llamaba 'comediscos' por casualidad: devoraba literalmente los discos, los cuales se introducían por una rendija. El hecho de poder llevarlo colgado como un bolso lo único que hacía era acelerar la defunción de los pobres discos.

Y para colmo, el sector cassette lanzaba al mercado modelos cada vez más pequeños. Los cassette mono de sobremesa se vendieron a millones y duraron por una temporada. Tenían la ventaja de ir con pilas, pesar muy poco y llevar el altavoz incorporado.

No obstante, tanto el formato cinta como el formato vinilo tenían un defecto: la limitada duración de las audiciones. Cada 20-30 minutos se tenía que cambiar la cara. De esta forma, durante un tiempo se popularizaron los magnetofones de bobina, rudimentarios, pero que al menos garantizaban horas de audición. Los problemas eran muchos: calidad de grabación y, sobre todo, el continuo encasquillamiento de la cinta en los cabezales.

Aún así, el tocadiscos era el reproductor preferido para los amantes de la alta fidelidad. A pesar de que no se podía transportar, un buen tocadiscos en casa era imprescindible. A mediados de los 70's y principios de los 80's todo el mundo tenía un tocadiscos estereo en su casa, con dos enormes bafles con cubierta de madera. Los más sofisticados, optaban por comprar la etapa de potencia, el amplificador, la radio y el tocata por separado. Son equipos que siguen estando muy bien valorados. Y para los problemas de duración de las audiciones, existía un tipo de tocadiscos que llevaba incorporado un brazo articulado bajo el cual se podían almacenar varios discos, que iban cayendo según el brazo fonocaptor llegaba a los surcos finales. Los críticos decían que ese sistema perjudicaba a los vinilos.
 Izquierda, plato con brazo articulado - Derecha, tocadiscos años 70's

Pero la guerra entre el vinilo y la cinta de cassette estaba lejos de acabar. El vinilo jugaba con el prestigio de su gran tamaño y de ir adornado con hermosas portadas, pero la cinta había apostado por su versatilidad y facilidad de transporte. El aparato de cassette sufrió un proceso de miniaturización que nadie se podía imaginar. El lanzamiento mundial del walkman en 1981 supuso todo un acontecimiento entre los amantes de la música. Andar por la calle oyendo música como si estuvieras en tu habitación era un invento similar a la rueda y el fuego. Todo el mundo se te quedaba mirando. En los primeros tiempos, un walkman costaba el equivalente a unos 500 euros actuales, pero pronto fueron bajando de precio y durante los años 80's todo el mundo tuvo varios (se rompían con mucha facilidad)

A pesar de todo, el mercado presentaba una gran paradoja. Los amantes de la música no compraban cintas de cassette originales, sino que continuaban comprando vinilos. Con ellos se hacían copias piratas, conectando el tocadiscos mediante un jack al nuevo invento de la industria: el radio cassette estereo. De esta forma, se podían ir escuchando por la calle recopilaciones en cinta, hechas a medida con los mejores cortes de los vinilos. Este tipo de piratería primaria tuvo su repercusión, con campañas como la lanzada en Gran Bretaña a principios de los 80's, cuyo lema era "Home taping is killing music" (Grabar en casa es matar la música) Para que se vea que la polémica que conocemos hoy en día viene de lejos.

El sistema consistente en grabar del tocadiscos a cinta de cassette virgen mediante un cable tenía un problema. Los murmullos de fondo, unidos al sempiterno desencaje de la endeble cinta continuaban dando más valor de reproducción al vinilo que al cassette. Quedaba claro que la cinta sólo servía para poder transportar música de un lugar a otro. Célebres son las imágenes de películas de los 80's en las que se ve a un negro con un radio cassette inmenso al hombro. Aparte del walkman, la industria del cassette también comenzó a sacar al mercado grandes y pequeños aparatos estéreo con los altavoces incorporados. La cinta de cassette parecía que se estaba comiendo el mercado, pero una vez más, los fans continuaban comprando vinilos de los que después se hacían copias piratas de mala calidad.

La multiplicidad de soportes y sistemas de reproducción requería un aparatejo si cabe más sofisticado. Escucharse un disco de arriba a abajo había pasado a la historia y lo que el público quería eran recopilaciones. Para ello, era preciso un sistema para grabar de disco a cinta, de radio a cinta o de cinta a cinta. Y de ahí nació la minicadena con doble pletina, que comenzó a comercializarse masivamente a finales de los 80's. Y con ella, vino un nuevo invento que intentaba abrirse paso desde hacía algunos años: el reproductor de CD. Las minicadenas iniciales incluían la opción de comprarla con o sin el lector de CD's. Como la gran mayor parte de la gente sólo tenía cintas y vinilos fueron muchos los que prescindieron del cd.

Entrados los 90's, muchos grupos continuaron publicando sus obras tanto en vinilo como en CD, hasta que al final el vinilo fue prácticamente desechado. Al parecer, salía bastante más caro y tenía costes adicionales de transporte y almacenamiento. Muchos fueron los que certificaron su muerte. La cinta de cassette, que había tenido un éxito fulgurante ante el vinilo, también tenía los días contados. La historia durante los años 90's se resume en la lenta implantación del nuevo soporte sobre los tradicionales. No hubo grandes novedades en cuanto aparatos de reproducción, a no ser la progresiva sofisticación de los aparatos portátiles de reproducción de cd's.

SIGLO XXI

Llegamos al siglo actual y con él nos hallamos ante un invento que ha revolucionado del todo la historia de los formatos, soportes y reproductores. El ordenador como reproductor de música y el almacenamiento en todo tipos de discos duros y periféricos ha propiciado por una parte una gran difusión de la música y por otra su práctica destrucción. El debate sobre las "redes de intercambio" pone al rojo vivo las polémicas de los años 80's. El nuevo formato digital se ha llevado por delante a la cinta de cassette, que dejó de fabricarse en España hace un par de años. Los reproductores de pequeño tamaño y gran capacidad permiten horas de audición con una calidad más que aceptable.

Sin embargo, en los últimos años se están oyendo muchas voces favorables a favor del vinilo. Son muchos los disk-jockeys, locutores de radio y expertos que indican que el LP tradicional tiene mayor calidad de audición. Charlie Faber, disk-jockey de "Radio 3" dijo hace algunos años que no se puede comparar la calidad de sonido de un vinilo con la de un cd. Esto tiene una explicación científica, según La Historia del Vinilo:


"Muchos serán quienes se pregunten cómo puede resultar mejor el sonido de un giradiscos que el de un reproductor de CD. Pero la razón es bastante simple, dado que lo más importante reside en la naturaleza del sonido, y sólo después, en la calidad del soporte. El sonido de un disco de vinilo es analógico desde la fuente hasta la salida; no experimenta cambios de onda decisivos en un buen equipo. La información sonora de un compact es, en cambio, digital. Al salir, se debe convertir nuevamente en analógica y, para ello, ha de reducir las curvas originarias de sonido a 0 y 1, con lo que se pierden matices. Quizás sea esa la razón por la que, el pasado año, Sony/Philips lanzó la idea del reproductor de CD Super Audio, con el reclamo de que el sonido poseería «la misma calidez del vinilo".

 Diego A. Manrique también se refirió a este tema en un artículo en "El País", con el sugerente título de El futuro será primitivo:

"Las discográficas siempre aspiraron a simplificar su modelo de negocio. Conspiraron para cargarse el single por poco rentable. Y reemplazaron el disco de vinilo por el CD. Felizmente, el vinilicidio no se consumó. Los dj se resistieron a perder su soporte favorito y la demanda creció con las tropas retro, los amantes del beat, el soul, el punk. Ahora el vinilo es tendencia. Hasta las multinacionales vuelven a prensar y comercializar vinilos".

Un gran debate se abre con todo esto, mientras la industria continúa pensando en la mejor manera de dificultar la piratería. Tampoco pueden olvidar que la edad dorada de la música va acompañada de un vinilo con una hermosa portada. ¿Va a volver el vinilo?

20071029

Deportes para minorías

La cosa esa del deporte es algo propio de personajes cuyas neuronas (en caso de tenerlas) nadan en un mar de cerveza caliente. El deporte es malo. Juegas un partidillo de futbol con los amiguetes y al día siguiente te sientes como si las hordas de Atila hubieran cabalgado sobre tus riñones. Decir que tienes agujetas es un eufemismo porque le deberían llamar 'agujas' directamente. Yo no me conformo con practicar cualquier menudencia de deporte y, mucho menos, ejercicios masoquistas que te dejan p'al arrastre. Tiendo a evitar las aglomeraciones donde huele a sobaco sudao. Nada de estadios abarrotaos donde los alaridos vienen acompañados de un insoportable olor a frankfurt con mostaza. De ahí que mi deporte favorito sea… el TIRO AL PLATO. Un deporte de minorías con un gran prestigio intelectual.
Entre todos los deportes patéticos habidos y por haber sobresale por su plasticidad y utilidad social. Es un auténtico placer liarse a tiros con todas esas vajillas volantes. Naturalmente, la fábrica Porcalanosa no da abasto para surtirne de platos, de modo que he comenzado también a hacer prácticas con vinilos de Georgi Dann, Abba y stocks de discos incatalogables y, por supuesto, descatalogados. Como último recurso se puede dar buena cuenta de todos los cd’s cutres de Joaquin Sabina, Camela y Mari Carmen y sus muñecos que todavía quedan en las gasolineras españolas.

[Sólo como curiosidad: el tiro al plato es más antiguo que el futbol. Nació en 1880 ante la necesidad de sustituir los pichones en los ejercicios de tiro, pues resultaba caro. Los pichones costaban un huevo de criar y además escapaban casi siempre...]